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Obertura 1812

publicado a la‎(s)‎ 6 mar. 2014 16:06 por Daniela Garza Ríos E.   [ actualizado el 13 mar. 2014 18:27 por José Antonio Castillo ]
Si se pudiera elegir las Siete Maravillas Musicales del Mundo, seguramente la Obertura 1812 estaría entre ellas en lugar privilegiado. Tchaikovsky, uno de los más grandes compositores que dio la música, sin embargo, fue un alma torturada, esclavo de la sociedad rígida ortodoxa que lo vio crecer, sin que pudiera expresar libremente su homosexualidad.

El gran ejército francés, lleno de ideas libertarias se acercó a Moscú en el invierno ruso con la seguridad que sólo sería un paseo, como lo fue en Austria y en tantos lugares. El pueblo ruso era uno de los más pobres de Europa, con un sistema de zares y familias reales tan cerrado y tan opresor que transformaban a su pueblo en menos que esclavos, donde la subsistencia en el crudo invierno era casi imposible. Y allí estaba el ejército de Napoleón para liberarlo. Hay algunas escaramuzas. El auspiciante 7 de Septiembre de 1812 en la batalla de Barodino, hizo suponer otro final más glorioso para Napoleón.

Sin embargo, algo falló. Apenas entrado en territorio moscovita las casas pobres de los campesinos habían sido quemadas por sus propios habitantes, lo mismo que el trigo y los animales degollados. La intención era dejar al ejército napoleónico sin un grano, ni nada que le permitiera la apacible expedición del poderoso ejército por allí. Pues, para el orgullo del pueblo ruso era más malo aceptar el yugo del invasor a que la cruel opresión de los zares. Y entonces Napoleón comprendió que entrar en invierno en Rusia fue un error. Famélicos, enfermos, cansados, llegaron, luego de meses de expedición andando y a caballo sobre el río Volga congelado.

Eso sí, el ejército ruso, disminuido ampliamente en número y capacidad, no disparó un solo tiro hasta que los franceses estuvieron en posición, precisamente sobre el hielo del Volga. Y no hacia los hombres, sino hacia las aguas congeladas se dirigieron sus cañones, y en pocos minutos hicieron enormes estragos en el ejército francés, siendo ésta la derrota más dura (junto con Waterloo) que haya sufrido el aguerrido general francés.

El comienzo del final. Precisamente en 1812. De 500.000 hombres de voluntad de hierro, apenas unos 3.000 regresaron a sus patrias (no todos eran franceses). Los rusos mientras, festejaron la gran epopeya y tomaron esas fechas como el día del resurgir nacional. Y fue entonces cuando se cumplieron los 70 años del aniversario cuando decidieron festejarlo a lo grande.

Para tal importante evento contrataron el prestigioso músico ruso, Piotr Ilich Tchaikovsky, a la sazón con jóvenes 32 años. Elegida la Catedral de Cristo el Salvador para recordar la gran victoria, hubo un pequeño-gran inconveniente: entre la partitura del joven Ilich habían cañones de verdad, que tiraban 21 salvas, por lo que parte de la obra tuvo que ejecutarse al aire libre.

Los tempos usados por la Obertura 1812 fueron cinco, aunque fundidos todos en uno solo. Comienza el compositor con un leve Lento con un grupo de violonchelos, que describen la apacible pradera rusa, con los campesinos trabajando en paz, mientras una pieza litúrgica ortodoxa los acompaña. Son los compases de la obra Plegaria al Salvador.

Le sigue un Andante, que ya comienza a sentirse la entrada de otros chelos, los invasores, en contrapunto con una flauta que defiende los primeros compases. La música se torna dramática. Entran entonces los primeros compases de La Marsellese (expresados en vientos), señal de la amenaza que estaba por acaecer. Los campesinos se preparan; es necesario un gran sacrificio.

Un Allegro Giusto, ya impregnado del himno galo se muestra brioso ante los ojos del campesino, ante los oídos de quien está atento a la obertura; el ejército francés es poderoso y aunque hay mezclas con danzas rusas, es evidente su superioridad. El contrapunto está dado por los vientos, que representan al invasor francés, y las cuerdas, los rusos. Un golpe de platillos anuncia que la batalla ya ha comenzado. Los sones de sus himnos son más estruendosos que las cantarinas marchas eslavas. Los primeros compases de La Marsellesa se escucha en tono más alto que el resto.

Pero ni el pueblo ruso, ni el ejército se atemoriza del poderío y de historia de los franceses y comienza un Largo que describe la dura batalla. Los campases del himno francés se van debilitando expresados en cornos, se apagan de a poco, aunque reviven una y otra vez como últimos estertores. Los violines, en forma de fuga, representan la persecución. La batalla es feroz. Los cornos anuncian que el ejército va a cargar contra los moribundos que han sido pillados en suelo ruso.

Los Contrabajos y los oboes no descansan, pero al fin esos sonidos franceses desaparecen, o mejor dicho se transforman en campanadas al viento (campanas de verdad) en el Allegro Vivace final. El ejército ruso regresa victorioso, las iglesias lo reciben auspiciosas y los cañones saludan su paso. Es el retorno a la danza rusa, y tenues compases "marsellescos" in dimnuendo muestran al soldado huyendo, expresados en violines y chelos que van apagándose y el poder de una nación pujante. (El regreso del debilitado ejército francés lo describe Beethoven en la 3ª Sinfonía "La Heroica" en su 2º Movimiento Marccia Fùnebre).

El final es apoteótico: fuegos artificiales, las campanas de la iglesia relatan la liberación de de Rusia, mezclado con el "Dios salve al Zar", años posterior himno nacional ruso, contrapunto del francés cada vez menos estridente. Es el ejército vencedor que regresa, el pueblo lo recibe con gritos de vítores y flores. Toda la orquestación, con tutti, tocan las estrofas iniciales. Es la victoria final.

Cabe una aclaración histórica. Ni La Marsellesa ni Dios salve al Zar eran entonces (hacia 1882 cuando se estrenó la obertura), himnos de sus respectivos países, lo que llama la atención la selección premonitoria de Tchaikovsky.

Otra, que dado el evidente problema de ejecutar esta obra con cañones verdaderos, no a ser que se toque al aire libre, estos son reemplazados por timbales y otros instrumentos de percusión.
Si bien es cierto que la semilla de la revolución quedó sembrada en tierras rusas, que la larga germinación le llevó un siglo para deshacerse del yugo del zar, también es verdad que para los rusos, la batalla contra el ejército francés es considerada como una de las cosas más apoteóticas de su historia.

Podría decirse de Piotr Ilich escribió piezas memorables, sólo con la Obertura 1812, podríamos ponerlo en la galería de los genios, sin embargo, este ruso nacido en Votkinsk, ciudad de la provincia de Viatken 1840, no sólo compuso esta hermosa obertura, sino que tiene una lista de páginas memorables.

Redactor en el Ministro de Justicia, casado con Antonina Miliukova por la presión de la sociedad tradicionalista, pero amante del bailarín Nijinsky, compuso también obras como:

Piezas sueltas, conciertos, música de ballet
1869- Cuarteto de Cuerdas Nº 1
1869- Obertura sobre el Himno Nacional Danés
1870 - Obertura Romeo y Julieta
1875 - Concierto para piano nº 1
1876 - El lago de los cisnes
1876 - Variaciones sobre un tema rococó
1878 - Concierto para violín, opus 35
1880 - Capricho italiano, opus 45
1880 - Obertura 1812, opus 49 (estrenada en 1882)
1880 - Serenata para cuerda, opus 48
1889 - La bella durmiente
1892 - Cascanueces (incluye la hermosa Danza China)

SINFONÍAS

1872 - Sinfonía nº 2
1875 - Sinfonía nº 3 "Polaca"
1877 - Sinfonía nº 4
1888 - Sinfonía nº 5
1893 - Sinfonía nº 6 "Patética"

ÓPERAS

Opricnik (1874 - 15 de abril)
Eugenio Oneguin (1879 - 29 de marzo)
La Doncella de Orleans (1881 - 13 de febrero)
Mazeppa (1884 - 15 de febrero)
Cerevicki (1887 - 31 de enero)
La Dama de Picas (1890 - 7 de diciembre)
Iolanta (1892 - 6 de diciembre)

Su muerte fue un poco ridícula, y muchos consideran que hasta pudo ser provocada por él mismo. Durante una gran epidemia del cólera, bebió un vaso de agua sin hervir y los síntomas le sobrevinieron en pocas horas. Falleció en 1893 a los 53 años. Su cadáver fue expuesto en público durante algunos días, donde marchó el pueblo ruso en agradecimiento.

Gracias Nora.