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"La Creación" de Joseph Haydn - agosto 2009

Gran homenaje a Haydn

Lun, 08/31/2009 - 11:29

José Alfredo Páramo / Mundo 52

Allegro Molto

El mejor homenaje que pudo haberse hecho a Haydn, en el bicentenario de su muerte, estuvo a cargo de la Sinfónica de Minería: el concierto de gala, último de su venturosa temporada estival 2009.

Al frente de la orquesta, los solistas y los coros, Carlos Miguel Prieto tuvo una actuación memorable en Die Schöpfung (La Creación), oratorio que es una de las cumbres del arte universal.

En la lluviosa noche del sábado, el ambiente era extraordinario en la Sala Nezahualcóyotl aun antes del inicio del concierto: público expectante, profusión de flores en el proscenio, instrumentistas de rigurosa etiqueta, dos grandes coros al fondo, el de la Universal Veracruzana y el ProMúsica, así como tres solistas vocales: la soprano María Alejandres (Gabriel y Eva), el tenor Arturo Chacón-Cruz (Uriel) y el bajo John Cheek (Rafael y Adán).

Con público, instrumentistas y cantantes puestos de pie, el Himno Nacional inició el concierto en el que también se recordó a Mendelssohn (bicentenario natal en este caso), con la inclusión de su Obertura con trompetas.

Durante la introducción orquestal de Die Schöpfung, intitulada “La representación del caos”, la sala permaneció en penumbra; pero a partir del primer recitativo, a cargo del bajo, la luz permitió que los espectadores pudieran seguir el texto, basado en El Paraíso perdido de Milton que se inicia así: “En el principio, Dios creó el cielo y la tierra, mas la tierra no tenía forma y estaba desierta y las tinieblas reinaban sobre la faz de las profundidades”.

El primer estallido del coro fue impresionante: “Y el espíritu de Dios se mostró sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios ‘¡Hágase la luz!’ Y la luz se hizo”.

El texto, cantado en alemán, recordó a este cronista la opinión de Stravinsky, en el sentido de que es un signo de cultura interpretar las obras en el idioma en que fueron compuestas.

Director e instrumentistas supieron captar la nobleza de esta obra inspirada en una fe profunda y ciertamente inocente, en la que Haydn y Milton enfatizan el asombro de la primera pareja ante el portento de la Creación. Así lo dice el coro en el número 11: “¡Glorificad al Señor, Dios todopoderoso, que ha vestido cielos y tierra de maravilloso esplendor!”

Haydn, señor de la música de gran nobleza, también lo es de los toques de humor más admirables, como el pasaje en que el trombón imita la voz del león, que “ruge satisfecho”.

Entre otros pasajes conmovedores, destacaron el coro del número 28, que prorrumpe en aleluyas, y el que concluye el quinto día de la Creación, que precedió ahora la breve pausa: “El Señor es grande en su poder y eterna es su gloria”.

Este cronista, que se había propuesto desde hace algunos años no gritar “bravo” en concierto alguno, rompió su determinación con una exclamación estentórea e inesperada, en cuanto María Alejandres se adelantó para recibir la ovación del público.

En términos taurinos, la soprano “bañó” (sobrepasó con creces) a sus colegas. Sus intervenciones transmitieron el asombro de su personaje que, extasiado por la naturaleza, expresa su agradecimiento al Creador y canta con amor y ternura al hombre con el que “cada paso traerá a su corazón nuevos gozos”.

Para que nuestro gozo haya sido perfecto, su voz tuvo el encanto de “la dulce armonía” que, en un recitativo de Uriel, “desciende de la cúpula celeste”.

Fuente: Gran Homenaje a Haydn - Mundo 52