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"La Viuda Alegre" de Franz Lehár - febrero 2009

Cápsula para el IMER, del martes 17 de febrero de 2009, “La viuda alegre”

Amigos del Instituto Mexicano de la Radio, les saluda Lázaro Azar. En esta ocasión voy a comentarles un espectáculo ocurrido este fin de semana que, más allá del buen nivel artístico que disfrutamos, considero un inmejorable ejemplo de cómo trabajar en tiempos de crisis.

A partir del viernes por la noche, el Teatro Esperanza Iris, que afortunadamente ha recuperado su nombre original -y ya nomás le falta que con un poco de lana y voluntad le hagan las adecuaciones pertinentes para que vuelva a recuperar la acústica que perdió por culpa de una rebatible intervención que se le practicó en los oscuros tiempos en que Enrique Semo mermaba el presupuesto de la Secretaría de Cultura capitalina-, recibió a melómanos que, como quien esto les narra, atestiguamos un digno espectáculo surgido al compás de la música de Franz Lehar:

La reposición de su más célebre opereta, “La viuda alegre”, a manos de una recién creada Compañía Mexicana de Zarzuela y Opereta por la que hago votos para que goce de una larga y fructífera existencia.

Al abrirse el telón, uno reconocía de inmediato elementos que ha visto en producciones del INBA, como su escenografía de “La Traviata”, algunos uniformes tomados de “La hija del regimiento” o aquellos vestidos con margaritas de los que tanto nos burlamos cuando los reciclaron para aquel “Onegin” de tan triste memoria, pero que aquí, vaya usted a saber si fue gracias a la prodigiosa iluminación de Elena Marsans o al gusto con que fueron combinados, que no solamente cumplían, ¡hasta se veían muy bien! Aplaudo la generosidad del INBA, que a diferencia del perro del hortelano, no come pero sí dejó comer.

Si en la parte musical la orquestita ensamblada para la ocasión dejó bastante que desear, justo es señalar que gracias al oficio de Polo Falcón, la escena corrió con gran agilidad y hasta el Coro Promúsica, que fue el participante, hizo alarde de un bien urdido trazo escénico; aunque, la verdad, quienes se llevaron la función por su arrebato, fueron las bailarruinas que conformaron el dispar grupo de grisetas. Lo menos que puedo decir del amor y entusiasmo con que hacía lo suyo la gordita vestida de naranja, es cuán contagioso era.

Si como el Barón Mirko Zeta, Polo Falcón estaba para comérselo en almíbar, el Conde Danilo de Jorge Lagunes le ganaba a uno por lo tieso que era para bailar, al grado de que uno acaba pasando por alto lo apretado que estaba cantando.

Un gran acierto de esta producción fue la oportunidad que brindó a un gran número de jóvenes talentos. Quien me impactó por lo bien que canta y por su desenvoltura escénica fue Verónica Lelo de Larrea, a quien espero ver mucho y muy seguido sobre nuestros escenarios, y bueno, no puedo callar que, con todo y el intachable profesionalismo que siempre le ha caracterizado, Lourdes Ambriz como la epónima Anna de Glavary me hizo añorar constantemente el desparpajo, la gracia y el mega colmillo de otra Viuda Alegre cuya actuación se mantiene indeleble en mi memoria, la de Cristina Ortega.

Vaya este ejemplo de entusiasmo y colaboración entre instituciones como nuestra Secretaría de Cultura, el INBA y esa valerosa e inteligente empresaria que es Marivés Villalobos como modelo a seguir para no solamente no quedarnos sin espectáculos en estos tiempos, sino para que los que se den, tengan un muy decoroso resultado final.

Felicidades por ellos y ojalá y pronto nos brinden más funciones.



"UNA VIUDA MUY ALEGRE Y LUMINOSA"

Por Manuel Yrízar.

Para Elena Marsans, por su luz.
Saludamos con ánimo optimista a los integrantes de la "Compañía Mexicana de Zarzuela y Opereta" que presentaron este pasado fin de semana la opereta "La Viuda alegre" con música de Franz Lehar. Gozosos y animados vimos a los asistentes llamados público durante la no muy corta función y así siguieron al abandonar el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris que volvía a desempolvarse con una obra del género ligero y frívolo que le dio gloria a su fundadora y empresaria a quien regresaron prestigio y nombre glorioso. El sábado entramos en la noche a el recinto a las 8 y salimos a las 11 renovados y tarareando valses dulces. El encanto de esa operita o perita dulce que nos retrata en nuestra frágil decadencia y que coincide, aunque suavizado, con la ruina y bancarrota de algún país que ha perdido el rumbo y esta a punto de perder también su riqueza por la impericia o ingenuidad de sus gobernantes como pasa en los mejores países del mundo menos aquí que no pasa nada. Los personajes que vemos arriba del escenario son parecidos pero, eso sí, más simpáticos y entrañables.

Luego de que la obertura sonara en la reducida orquestita se levanta el telón en una fiesta parisina donde los personajes aparecen engarrotados y detenidos como en una fotografía. Nuestra sorpresa fue mayúscula pues nos pareció ver con los binoculares a un querido y admirado amigo, grande de cuerpo y generosidad, en quien creímos reconocer al empresario y tenor ligero ¡Xavier Torresarpi¡ destacando por su estatura y porte entre la muchedumbre de festejantes. Leticia lo atisbó sin catalejos y dijo: ¡Si es Xavier¡. Y lo era. Paneando los anteojos descubrimos también al matrimonio de Fernando e Irma Cavia y a otros muchos más bien ajuarados y elegantes que hemos visto en otros escenarios de concierto pero no sobre las tablas añosas de tan importante coloso de Donceles. El programa de mano despejó la incógnita: Coro Promúsica, y luego la lista de sopranos, contraltos, tenores y bajos, de los ahora debutantes faranduleros entusiastas.

Reconocimos trastos, trapos, muebles y utilería, pues son algunos que salvaron de la chamusquina  nunca aclarada del todo de Ticomán que hizo desaparecer las escenografías de la Compañía Nacional de Ópera en las postrimerías del decenio kleinburgiano. En el de mano aparece un agradecimiento al apoyo invaluable del Instituto Nacional de Bellas Artes. Aplaudimos que así lo hagan. Hacer y dejar hacer. Funcionales aunque añosos ambientaron los cuadros.

La obra corre con agilidad gracias a la dirección escénica experta de ese niño "Cachirulo" ya crecidito y canoso, pintadas por supuesto, que desde los siete cortos de su edad ya experimentaba el "Teatro Fantástico" y trotaría en la Compañía que yo seguí en calidad de nonato pues mi madre me llevaba consigo en grato sitio cuando con el doctor Manuel Yrízar disfrutaba de las zarzuelas que ponían aquí los Domingo-Embil por variados tablados. Leopoldo Falcón se llama la criatura que ahora padece dolores de cabeza de índole diversa pero que sale avante y vence en la batalla teatral. Mueve a los cómicos y hasta los pone a bailar.

Hubiéramos querido ser los primeros en apuntar nuestro nombre en el Carnet de Baile de la guapísima Anna de Glávari, no por viuda y millonaria sino por encantadora y pizpireta. Bailar el vals como lo hace con el mundano Conde Danilo Danilowistch flotando con el brazo extendido y lánguido es un sueño imposible pero anhelado. La pareja de enamorados es deliciosa y contrastante. Lourdes Ambríz y Jorge Lagunes dan vida y ánimo a los protagónicos peleoneros pero, lo sabremos al final feliz, acabaran matrimoniados y, ojalá, felices. Otra pareja que no tendrá el mismo futuro, el joven parisino Camilo de Rosillón, enamorado de la esposa del Barón Mirko Zeta (el ya mencionado cornúpeta) la muy guapa y mundana Valencienne. Dante Alcalá, el más bello timbre tenoril y Verónica Lelo de Larreaencarnan a esos amantes febriles.

Los partiquinos y comprimarios, incluidos los coristas y las "bailarruinas" (Alcaráz dixit) salen airosos de su cometido con penas y glorias. Tal vez solo sea necesario y útil señalar que algunas mejoras podrían hacerse a esta atractiva Viuda rica. Los subtítulos escritos nos harían entender mejor los parlamentos no siempre bien dichos de los actores cantantes aunado a la deficiente- todavía- acústica del teatro. Un curso de dicción urge a nuestros artistas. Y de actuación y baile. Eso daría mayor lucimiento a un trabajo que el respetable aplaudió. Habrá algunos perfeccionistas que pidan mayor rigor a una puesta decorosa que muchos quisieran "vienesa". Ahora que empieza apenas esta Compañía que no quisiéramos efímera y frágil como el sueño de Danilo les deseamos el mayor de los éxitos.

Mando un beso a las mujeres escondidas cuyo nombre no aparece pero que hicieron posible que la magia del teatro frívolo y picaresco resucitara.