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"Cármina Burana" de Carl Orff - enero 2013

Carmina Burana brilla con la Sinfónica de Minería

CULTURA • 19 ENERO 2013 - 10:56PM — XAVIER QUIRARTE

Con obras de Rossini, Ravel, Tchaikovsky y Orff, la agrupación ofreció con gran éxito su primer concierto conmemorativo en el Auditorio Nacional.

Ciudad de México • El autobús ruta La Villa-Kilómetro 13 luce atestado. Es viernes en la noche y el tráfico intenso en Reforma provoca que cada movimiento brusco del vehículo sea acompañado por una sinfonía de cláxones y mentadas de madre. En ocasiones los pasajeros chocan entre sí, algo normal los fines de semana, pero el frío que aletarga los sentidos no invita a los reclamos. 

Suena un teléfono y una mujer contesta: “¿Qué pasó, ya llegaste?”. Ante la respuesta, agrega: “Estamos a punto de atravesar Insurgentes, pero nos vamos a bajar para comernos unos tacos, aunque sea de canasta, pero con harta salsa”. Ante lo que parece un reclamo del otro lado de la línea —digital—, ríe y advierte: “¡No es cierto, ya vamos para allá, espéranos a la entrada del Auditorio”. Acompañada por su hermana y su sobrina, es una de las ilusionadas personas que se dirigen al Auditorio Nacional, donde la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) celebra su 35 aniversario.

El programa, con obras muy conocidas de Rossini, Ravel, Tchaikovsky y Orff, atrae a un público numeroso. Los boletos casi están agotados y para la función de hoy a las seis de la tarde no queda una sola localidad (los revendedores van a hacer su agosto en cuesta de enero.) 
Foto: Cortesía Fernando Aceves

Un puesto solitario —signo de que no es concierto de rock, pop o música grupera— ofrece mercancías con la leyenda Carmina Burana: caballitos tequileros a 15 pesos y tazas de 25 a 50, unas de vidrio, las otras de cerámica. Otro vendedor ofrece binoculares a 20 pesos: “¡No se me amontonen!”, grita, y la gente no lo hace, sigue de largo, deseosa de llegar a su destino.

Si en el vestíbulo del Auditorio suena una versión desguanzada de “My Way”, un buen antídoto es escuchar el órgano monumental que ameniza la entrada del público. Un seguidor ilumina la figura solitaria del organista que parece ser Víctor Urbán, pero desde lejos no se puede definir si es él, además de que nadie anuncia su nombre.

Apuesta a los ganadores

Para celebrar 35 años y asegurar la taquilla, la OSM apostó por un repertorio de obras archiconocidas. Ante una sala casi llena, la orquesta recibe al director invitado, el sueco Carlos Spierer, que abre el festín con la obertura de la ópera Guillaume Tell. Por cosas de la edad, uno no puede alejar de la mente la imagen de El Llanero Solitario montado en su caballo Plata al escuchar esta obra. Si la música se utilizó en la serie de televisión del héroe con antifaz, la idea no está muy reñida, pues igual héroe ficticio fue el señor Tell.

El trabajo de los camarógrafos que transmiten en dos pantallas gigantes es puesto a prueba con el Bolero, de Maurice Ravel. Las cámaras siguen con atención a los instrumentos que tejen la obra, pero de pronto se pierden y enfocan a quienes solo están acompañando, mientras que quien hace la melodía queda fuera de cuadro. Luego retoman el hilo y permiten ver la cara de angustia del trombonista, al que se le escurre la melodía entre los dedos.

La primera parte del concierto concluye con la Obertura 1812, con campanas y cañonazos —grabados— incluidos, obra de Piotr Illich Tchaikovsky. Se trata de un preludio de obras harto famosas que no dejan lugar al fracaso, bien interpretadas por una orquesta que, al igual que el público, disfruta la velada, lo que debe hacer sonreír a los organizadores.

La cereza del pastel

La directora Marin Alsop ha explicado el éxito de Carmina Burana así: “Es espectáculo. Es muy difícil de categorizar y realmente ese fue el intento de Orff. Quería que fuera una pieza para todos los sentidos: escuchar la voz, las palabras, experimentar una orquesta enorme, los dos pianos... Y, también, se tenía la visión de que tuviera elementos de danza y de teatro”.

Carretadas de aplausos coronan la ejecución de Carmina Burana, y la OSM regresa para regalar dos encores conmemorativos delos bicentenarios de Verdi y Wagner. Extrañamos un programa de mano en forma, no el volante simplón que fue repartido. Podría haberlo escrito Juan Arturo Brennan, pero tal vez no tuvo tiempo pues fue uno de los 200 cantantes que dieron voz a la obra de Orff. No se puede estar en misa y repicando…

¡Felices 35!